solo se puede cuestionar hasta cierto punto
sin tambalear en la oscuridad
la tierra no es redonda, es plana
una barra que me impide de volar
la maquina que nos lleva como pajaros
al universo colectivo
no está
quedó embargada en la aduana
para retirarla hay que pagar
y locos están ustedes
los que piensan que está todo bien
Mostrando las entradas con la etiqueta también le temo al silencio y a las mandarinas. Mostrar todas las entradas
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jueves, 2 de febrero de 2012
domingo, 16 de octubre de 2011
infabula
descubrieron un día los narradores con sus aesopos
que no todo se puede transformar en una epifanía
ajustable a la moral en boga
se callaron entonces los profetas, los intelectuales,
los que simplemente saben que están correctos,
y se hizo en el mundo silencio
sin tener nada a que aferrarse, se dieron cuenta
que la vox populi solo profanaba incoerencias
y Dei los estaba cagando
que no todo se puede transformar en una epifanía
ajustable a la moral en boga
se callaron entonces los profetas, los intelectuales,
los que simplemente saben que están correctos,
y se hizo en el mundo silencio
sin tener nada a que aferrarse, se dieron cuenta
que la vox populi solo profanaba incoerencias
y Dei los estaba cagando
miércoles, 29 de junio de 2011
golpe bajo, tocar fondo
de repente me agarraste con la guardia baja
mientras acariciaba la mesa de tu living room
y solo sentí el golpe cuando ya era muy tarde,
tumbada y con las entrañas abiertas, aún inquieta,
derramando sangre y secretos en tu piso de madera
dos minutos antes, en ese entonces percibiste
que no te prestaba atención, me preguntabas
algo sobre la teoría de las ventajas absolutas,
y yo te respondía que solo había una, subjetiva,
mientras me escondía de tus ojos inquisitorios
creo que intentaba desconcentrarme lo suficiente
como para conseguir el desdoblamiento astral
éramos solo tú y yo y el tamborileo mis dedos,
pero yo soy dos: una en teoría, en práctica, otra
y tal vez puedas limpiar la sangre, cambiar el piso,
pero mis desahogos te seguirán para siempre
mientras acariciaba la mesa de tu living room
y solo sentí el golpe cuando ya era muy tarde,
tumbada y con las entrañas abiertas, aún inquieta,
derramando sangre y secretos en tu piso de madera
dos minutos antes, en ese entonces percibiste
que no te prestaba atención, me preguntabas
algo sobre la teoría de las ventajas absolutas,
y yo te respondía que solo había una, subjetiva,
mientras me escondía de tus ojos inquisitorios
creo que intentaba desconcentrarme lo suficiente
como para conseguir el desdoblamiento astral
éramos solo tú y yo y el tamborileo mis dedos,
pero yo soy dos: una en teoría, en práctica, otra
y tal vez puedas limpiar la sangre, cambiar el piso,
pero mis desahogos te seguirán para siempre
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